El modelo de trabajo híbrido ha forzado una reestructuración profunda en los bienes raíces comerciales. Las empresas están reduciendo drásticamente su huella de oficinas tradicionales en los centros urbanos. A cambio, el capital se está redirigiendo hacia arrendamientos de menor tamaño pero con mayores amenidades (espacios flexibles, tecnología de colaboración y áreas de bienestar) para incentivar la asistencia presencial.